En mi vida siempre le tuve miedo a los repuestos, al ser o no ser de la pos modernidad, de no ser la primera opción, de ser eso que estaba por ahí justo cuando no había nada mejor, nada corta como la desilusión resentida, como la prescindibilidad.
Yo, como alma y poeta, lloro, canto sagrado de las sirenas que añoran los días de gloria y razón. Pecado amar con moderación, lamentable la acusación de ser un ser que no es, dentro de unos días nos reiremos de esto tomando el té. Ya aprendí que somos, pero todavía no entendí que soy como ser individual de tus caricias y imprescindibilidad. Yo y esa manía metódica de querer ser más sin intentarlo y después preguntarme porque yo? esa inseguridad interplanetaria que he creado en el mundo de al lado. No se bien como sentirme sobre todo, como pesada, como liviana, como ida y vuelta. Maratón de deseos reprimidos, oscuros desencuentros casuales encantados. Si al fin y al cabo es tirar palabras sin importancia, porque a veces es mejor no intentar entender las cosas, porque pensar te complica la vida y te hace más vulnerable.
A veces me cuesta respirar sabes? a veces solamente quiero desaparecer, solo para entender bien la imprescindibilidad que siente el ser humano, siempre por cosas a las que está acostumbrado a tener.
A veces no se cuanto de todo esto es real.
Y que pasa después? que va a pasar cuando la marea baje? hay un mundo muy grande atrás de todo lo que los otros ven, que cada ser humano es un ser imprescindible para si mismo, o será que no? será que solo necesitamos apoyo del prójimo para sentirnos capaces de algo? de sentir, de ser, de vivir, de respirar.
Sé que callas mis respuestas, pero no las quiero callar, no quiero que me sermonees cuando tu ni sabes que hacer de tu vida, quiero el amor mutuo inundado de necesidad y imprescindibilidad. No quiero ser poeta, solo quiero ser más de lo que soy ahora, mas de lo que capaz creo que soy, porque las palabras son definiciones cortas de sentimiento.